Los parlamentarios NO tienen representantes: los representantes son ellos.
A pito de la entrega de los premios del concurso del sello bicentenario, es decir del logotipo con que se conmemorará los 200 años de la anexión de Chiloé al territorio nacional, se informó desde la delegación presidencial provincial de la asistencia de varias autoridades a la actividad, entre ellas el representante de un parlamentario del distrito.
“El hito de presentación de resultados contó con la participación del Delegado Presidencial de Chiloé, Marcelo Malagueño, el alcalde de Quinchao y presidente de la Asociación de Municipios, René Garcés, los diputados Alejandro Bernales y Héctor Ulloa, la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Ana María Santos y el representante del diputado Jaime Sáez, Armando Barría”, se indicó en el comunicado de la delegación, que fue acompañado de varias fotos, entre ellas una en la que el representante del diputado Sáez, aparece con un sello en la mano, junto a otras autoridades que acudieron al acto.
Llamó la atención este trato deferente -de autoridad- que recibió el representante del parlamentario, pues ni para efectos protocolares y menos legales, los diputados NO tienen representantes, pues ellos son los representantes, es decir eso de “el representante del diputado” es una figura inventada, pues las personas no votaron por el viejito Barría para ser diputado, sino por Sáez (poquitos, pero igual le dio), quien tiene trabajadores, asesores, pero no “representantes”, si no los podría enviar a votar al hemiciclo mientras él se queda en la casa fumando, lo que obviamente no se puede hacer.
Lo inexplicable es que el gobierno en Chiloé, es decir los representantes del Estado en el territorio, traten a estos “representantes” como si fuesen de verdad autoridades y les den asientos en primera fila, les pidan que se sumen a los cortes de cintas, les saquen fotos y los nombren en los vocativos, pues no hay decreto, ni ley, ni nada que sustente eso del “representante del diputado”.
Podrán ir a las actividades como uno más; llevar las excusas de sus jefes y procurar que efectivamente se lean y expliquen la ausencia de la autoridad, pero de ello a “representarlos”, como si fuesen en calidad de sustitutos o subrogantes, está lejos del rol que le compete a asesores, profesionales de apoyo y funcionarios pagados por el Congreso asignados a un parlamentario, pues si no todo se chacrea y a cualquiera se le trata como si fuera autoridad.
Cuidar la democracia implica también cuidar esos códigos y entender que los parlamentarios NO tienen representantes: los representantes son ellos.

